Es un hecho que necesitamos reducir las emisiones vehiculares tanto de contaminantes del aire, cómo de gases de efecto invernadero, y aunque podemos lograrlo impulsando y acelerando la transición tecnología del parque automotor, el costo y el tiempo son muy elevados para la sociedad colombiana. La mayoría de los propietarios y transportadores no pueden financiar la renovación de sus vehículos y el tiempo que nos tomará lograrlo implicará miles de enfermos y muertos por efectos de las emisiones que seguiremos generando hasta tanto esta transición se complete.
En el mercado existen innumerables tecnologías que prometen reducir las emisiones de los motores de combustión y aunque presentan, algunas, serios estudios bien respaldados para demostrar sus beneficios, y otras, testimonios de usuarios que dicen haber evidenciado tales beneficios, lo cierto es que en Colombia no existe algún incentivo para que estas se decanten, prosperen y masifiquen para aportar en esa reducción de emisiones que necesitamos, nos solo a menor costo sino con efectos inmediatos.
Por otra parte, las ciudades buscan desincentivar el uso del vehículo particular, y aunque eso hoy suene un exabrupto para muchos de sus amantes al no tener una oferta de transporte público suficiente y de calidad, es el camino que las ciudades están escogiendo. Por ahora para ello se emplean medidas de gestión del tráfico basadas exclusivamente en los índices de congestión cómo los pico y placa o en el precio del bien, como el impuesto sobre vehículos, desconociendo que se requiere incluir un criterio de desempeño ambiental que permita impulsar tal transición, así como, incentivar mejores prácticas por parte de los propietarios.
El pasado 7 de julio publicamos para comentarios el borrador de la resolución “por medio de la cual se establece el Etiquetado Vehicular Ambiental” como una herramienta para clasificar los vehículos según su nivel de emisiones de contaminantes del aire y GEI. Esta clasificación será empleada para administrar beneficios y desincentivos a los vehículos según sus emisiones, no por su año modelo o por el estándar de emisiones bajo el que fue fabricado, sino por el nivel de emisiones que genere durante su circulación en Bogotá, de modo que quien logre mejorar o reducir sus emisiones pueda cambiar de clasificación y, por tanto, reducir sus desincentivos u obtener beneficios.
Para determinar el nivel de emisiones se emplea el Factor Ambiental Vehicular -FAV, que se calcula ponderando los factores de emisión del vehículo para determinados contaminantes (Material particulado fino, dióxido de carbono, óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono e hidrocarburos), considerando para cada uno pesos diferenciados en la ponderación y de acuerdo con el ciclo termodinámico del motor. Así, en un motor diésel tiene mayor relevancia el material particulado (62%), y en uno a gas o gasolina el dióxido de carbono aumenta su valor (21%).
Para cada categoría vehicular se emplean factores de emisión diferentes, bien sean medidos localmente, tomados de modelos internacionales o de certificados de emisiones entregados por los fabricantes.
El FAV es adimensional y su valor de define en una escala entre cero y cien, dependiendo de ello se asigna el color de la etiqueta, y este podrá cambiar si el FAV cambia.
El etiquetado tiene un componente físico, que muestra el color de la etiqueta asociada al nivel de emisiones, la placa del vehículo, la vigencia de la etiqueta y un código QR que permite verificar el etiquetado físico en el componente digital. Tiene un componente holográfico con varios sistemas de seguridad antifraude, pero pues, en el país del divino niño.
Lo importante es que el componente digital existe, es una base de datos donde reposa la información asociada a cada vehículo de modo que los sistemas de vigilancia electrónica puedan verificarlos. Cámaras de detección, lectores de RFID y otros sistemas podrán emplear la información del EVA para vigilar en tiempo real y masivamente las medidas de circulación.
Bueno, y si alguien quiere cambiar de etiqueta, porque necesita entrar en una ZUMA o quiere reducir su restricción, en el caso de los camiones, deberá inscribirse al Programa de Autorregulación Ambiental y preparar e implementar un plan para reducir sus emisiones, que debe incluir, no solo el uso de tecnologías para la reducción de emisiones, también debe reportar indicadores de gestión del mantenimiento e implementar la conducción sostenible. Vamos a impulsar la medición de del material particulado y el conteo de partículas, cómo métodos más apropiados para evaluar el nivel de emisiones de un vehículo, y será con estos u otros que se propongan que se podrá evidenciar la reducción en los factores de emisión.
Éste es entonces un instrumento que permitirá identificar en la vía los vehículos más limpios, así cómo gestionar las herramientas y programas de promoción de las tecnologías de cero y bajas emisiones como las futuras Zonas Urbanas por un Mejor Aire, que son la LEZ rolas, donde se permitiría la circulación de vehículos con etiquetas verdes y azules, o cuando tengamos declaratoria de alerta o emergencia por contaminación del aire que se limitaría la circulación de vehículos con etiquetas gris y naranja. Promoverá el desarrollo de un ecosistema de tecnologías para la reducción de emisiones e impulsará la modernización de nuestros métodos de control a la contaminación.
Bogotá tiene la obligación de impulsar el desarrollo de la región, modernizando sus instrumentos normativos no solo por una mejor protección de los recursos naturales y salud de las personas, también para impulsar el conocimiento técnico de la mano de la academia, llevándolo a la práctica mediante políticas públicas que lo aprovechen para estimular el desarrollo de los sectores productivos y generar oportunidades de empleo, fortaleciendo el crecimiento económico de nuestra ciudad y región. Por todo lo anterior, Bogotá tendrá etiquetado ambiental para vehículos.